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EL HISTORIAL DE ROSARIO CENTRAL ES RICO EN ANTECEDENTES
DEPORTIVOS.
Vamos a ponernos de acuerdo con respecto a una cosa,
lector amigo: no es esta una historia completa del C. A. Rosario Central. No puede serla.
Para escribir y reseñar en un volumen la vida y milagros de una institución deportiva de
cincuenta años de actuación sería necesario disponer de muchas páginas.
Rosario Central es, entre las entidades que practican fútbol oficial en esta ciudad, la
más antigua y su comienzo casi coincide con la iniciación del juego en el país.
Siendo así, necesario sería convenir que su campaña abarca amplia esfera deportiva, que
toda su existencia está ligada a la evolución experimentada por el popular sport en toda
la República y que no es posible en la relativa brevedad del espacio observar todo el
panorama de su extraordinaria actividad y progreso.
Sabemos que mucho, pero mucho, quedará en el tintero o en el teclado de la máquina.
Tratamos solamente, simplificando en lo posible, de arrojar, sincero puñado de recuerdos,
en las páginas de esta revista, nada más que una síntesis de los pasajes salientes en
el historial deportivo del club auriazul. |

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Juan Díaz e Ignacio R. Rota, grandes defensores
de los colores azul y oro, en los primeros equipos oficiales de Rosario Central. Juan
Díaz falleció el 10 de enero de 1924, poco después de disputar un match de cricket. |
COMO NACIÓ
EL CENTRAL ARGENTINE RAILWAY ATLETIC CLUB LA
PRIMERA ÉPOCA DIFICULTADES DETALLES INTERESANTES
EL CAMBIO DE NOMBRE EN LA FUNDACIÓN DE LA LIGA ROSARINA
EL PRIMER EQUIPO OFICIAL DIRIGENTE Y FUTBOLISTA DOS EQUIPOS DE CENTRAL EN PRIMERA
EL PRIMER GRAN TRIUNFO PLAYERS EN ABUNDANCIA AQUELLAS JORNADAS EL CARIÑO POR LOS COLORES ROSARIO CENTRAL GANA EL PRIMER CAMPEONATO
AUTONOMÍA DEL F.C. DOS VECES SEPARADO DE LA LIGA ROSARINA
CAMPAÑAS MEMORABLES.
COMO NACIÓ EL CENTRAL
ARGENTINE RAILWAY ATLETIC CLUB.
Un puñado de muchachos.
No es el caso que recordemos la inauguración del
ferrocarril en Rosario. La presidencia de Roca. Para la historia sucinta, breve,
inconclusa, de un club deportivo, no interesa posiblemente.
Pero lo importante es señalar que a raíz de ello llegaron en la segunda mitad del siglo
pasado a nuestro país numerosos súbditos británicos para ejercer distintas funciones.
Desde Londres fueron comisionados altos empleados que venían a dirigir. También eran
ingleses gran cantidad de obreros ferroviarios.
Entre esos "jonhis" muchos había de edad madura.
Otros eran jóvenes. Y no faltaban, como es lógico suponer, los pibes.
Nos cuentan que los inglesitos, que en su patria ya se divertían pateando la pelota,
empezaron aquí, en los "güecos", cercanos a los talleres, a darles puntapiés
a la redonda. Ese puñado de pebetes empezó a hacer ejercicios con una pelota de goma que
quedaba frente a la parada Castellanos.
Eran los muchachos de don Tomás S. Hopper William y Henry y F. Mc. Leen,
Michel Green, F. Barton, E. Camp, J. Mac Intire, Sthephen Simps, entre otros.
Fueron ellos quienes iniciaron la ruta de la entidad que habría de surgir oficialmente.
Durante un tiempo jugaron partidos amistosos bajo la denominación de Talleres, hasta que
SE FUNDA EL CENTRAL ARGENTINE RAILWAY ATLETIC CLUB.
Era el mes de diciembre. Corrían los días agonizantes del año
1889. Caía la tarde. Un grupo de obreros y empleados del F.C. Buenos Aires y Rosario
acababan de llegar, terminadas sus ocupaciones, a un viejo café de la Avenida Alberdi,
donde años más tarde habría de levantarse el edificio del Colegio de los Talleres.
Entre ellos se hallaban, Colin Calder, Tomás S. Hoper, R.C. Chamberlain, Miguel Green, W.
Mulhall, N. Cooper, Simps, Maybe, Wilkinson, Lamb, Hollis, Muskett y algún otro que la
memoria se niega a precisar.
Esa tarde el círculo se había hecho más estrecho. Todos ponían atención en las
palabras de Calder, que en tono al parecer convincente, poniendo calor en su expresión,
exponía vaya a saber qué argumentos.
¿De qué conversaban aquellos ingleses que no podían ni siquiera presumir los criollos
de las mesas cercanas?
Cuando ya entrada la noche los contertulios se alejaron del lugar, se adivinaba en ellos
como una promesa de una reunión no lejana.
Al día siguiente, en el mismo local, quedaba fundada una entidad deportiva para la
práctica de un sport que por entonces sólo se había jugado en forma esporádica, alguna
tarde que después de la tarea diaria se habían reunido en el descampado para practicar
cricket.
T. Mutton propuso el nombre de la institución. Se llamaría Central Argentine Railway
Atletic Club.
Fue primer presidente mister Colin Bolin Calder y secretario mister C. Chamberlain.
Había cristalizado, pues una noble intención. Central Argentine Railway Atletic Club
daría cabida a todos trabajadores del F.C. Rosario y Buenos Aires que desearan hacer
deporte.
Cuando la empresa cedió un terreno para que ahí se diseñara el campo de juego, se
iniciaron de inmediato las prácticas de cricket y muy poco después las de fútbol.
Los primeros colores de la flamante institución fueron blanco y rojo, más tarde casaca
blanca y azul repartidos en cuadros grandes y, posteriormente, la auriazul, en franjas
verticales.
En la primera época
La primera época estuvo erizada de dificultados. Se jugaba por
el deporte mismo. El juego de los "cuatro ingleses locos" se practicaba,
realmente, por pura diversión.
Esos obreros entusiastas después de pasar muchas horas del día entregados a la tarea que
a cada cual correspondía en los talleres del ferrocarril, junto a hierros y maquinarias,
necesitaban, fuera del trabajo, buscar motivos de distracción.
Es que existía, por lo demás, verdadero amor por el deporte. Los hijos de la Albión
habían sabido predica con el ejemplo las bondades que aporta el cultivo del músculo
mediante el ejercicio físico, ya fuera este bajo el aspecto del cricket o del fútbol.
El ferrocarril aportó bien pronto un terreno para que se hiciera el campo de deportes.
Aquellas tardes del viejo barrio Talleres hallaba a los "pioneers" del gran
fútbol de ahora, entregados a la práctica de un sport que, con el correr de los años,
habría de alcanzar enorme arraigo y popularidad.
Pero si bien es cierto que el campo de juego, contando con la colaboración de la empresa,
significaba un aporte considerable, no salvaba ello todas las necesidades del momento.
Había que comprar los implementos necesarios para la práctica del fútbol, que no eran
pocos, representaba un gasto apreciable, si se tiene en cuenta la carencia de un número
calificado de contribuyentes y lo elevado de esos artículos importados que más de una
vez habrían de causar la risa de los empleados aduaneros.
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Un episodio pintoresco
Danny Green nos decía en cierta ocasión que
hallándose un día jugando fútbol en un descampado que daba sobre la hoy Avenida
Alberdi, en las inmediaciones del portón número dos, de un shot fue a parar la pelota al
medio de la calle en circunstancias en que acertaba a pasar un coche de plaza o victoria,
guiado por un aúriga de pocas pulgas.
El hombre descendió del pescante, tomó el esférico y partió con él entre el asombro y
el descontento de la muchachada que reclamaba a gritos su devolución.
- Para nosotros la pelota tenía un gran valor, que seguramente no sabía apreciar el
cochero de marras. Fuimos detrás de él hasta el centro de la ciudad. Y no nos costó
poco convencerlo de que se trataba de un juego sin molestias para nadie y menos motivo de
burla, como posiblemente fuera su interpretación.
Cuando nuestros equipos actuando en campeonatos oficiales fueron ganando popularidad, en
las canchas donde jugábamos solíamos hallar al buen hombre que a la postre resultó ser
nuestro mejor "hincha" |
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Rosario Central se popularizó con el nombre de
Talleres. Así lo denominaba la hinchada. Talleres, a secas, cariñosamente, por al
Instituto lo formaban empleados y obreros de F.C.C.A. Ahí vemos a Zenón Díaz y Octavio
J. Díaz, haciendo un alto en su tarea, en los talleres ubicados en la localidad de
Pérez. Zenón Díaz está jubilado desde hace años.
Continúa... |
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