AUTONOMÍA DEL FERROCARRIL.
Largo tiempo estuvo Rosario Central bajo tutela.
La empresa del ferrocarril ejercía influencia directa sobre la institución.
Sus altos empleados eran sus dirigentes. Sus asociados no podían ser otros
que obreros y empleados del F.C. Central Argentino.
Cuando en aquella asamblea del año 1903 se halló la fórmula conciliatoria
que dio un nombre definitivo a la entidad de los colores azul y oro, se
había dado un paso firme en su destino futuro.
Más recién veinte años después se logró la independencia absoluta. Rosario
Central tenía por delante amplios horizontes. No era menester para su
desenvolvimiento y progreso la fiscalización y organización de una empresa
que cerraba al instituto su campo de acción, reducido entonces a los beneficios
deportivos que podía proporcionar a sus empleados ferroviarios.
No será necesario destacar nada más que alguna cifras progresivas dentro
de los primeros años que siguieron al acto de la independencia, para poner
en evidencia su rápido progreso.
Abiertas las puertas para todos los deportistas de buena voluntad que
quisieran ingresar a sus filas, el movimiento de asociados dio rápidamente
la impresión de lo que habría de ser en un futuro no lejano.
En el año 1918 los socios apenas si llegaban a 182 y el capital oscilaba
en los seis mil pesos. En 1926 los asociados sumaron la cantidad de 1.700
con un capital de 47.000 pesos. Tres años más tarde se triplicaba el número
de socios y el capital ascendió a 73.000 pesos.
Apenas lograda la autonomía, el club fue organizado en su carácter de
sociedad civil y el gobierno de la provincia le acordó la personería jurídica.
DOS VECES SE SEPARA DE LA
LIGA.
En dos ocasiones Rosario Central estuvo separado
temporalmente de la Liga Rosarina de Fútbol desde que esta fuera fundada
en el año 1906.
En los años 1912 y 1920 hubo escisiones serias en la organización futbolística
local que motivó en ambos casos el retiro del instituto auriazul.
En la primera oportunidad se apartó de la liga conjuntamente con Tiro
Federal y Sparta, encabezando la fundación de la Federación Rosarina,
para regresar nuevamente a la entidad central dos años más tarde.
Al producirse el segundo conflicto, Rosario Central, Gimnasia y Esgrima,
Nacional, Sparta y F.C. Santa Fe, dieron vida a la Asociación Amateur.
En 1922 se reintegraba Rosario Central a la Liga Rosarina, hasta que se
produjo en el fútbol nacional una radical evolución con la implantación
del profesionalismo. En nuestra ciudad se fundaba en 1931 la Asociación
Rosarina de Fútbol y poco después desaparecía la Liga primitiva.
UNA TEMPORADA NOTABLE.
Hay en el rico historia de la entidad jornadas
brillantes, hechos notables, que se recuerdan siempre con cariño.
Fue en la temporada de 1916 cuando los equipos de Rosario Central escribieron
una página magnífica. Ganaron a la sazón todos los trofeos en disputa.
La primera división obtuvo las copas de Competencia y de Honor, después
de cumplir excelentes actuaciones. Finalizó en el campeonato oficial invicta.
Jugó 18 partidos, obtuvo 60 goles a favor y 8 en contra.
También se clasificó campeón de los torneos de Competencia y de Honor
el team de segunda división y fueron campeones del mismo modo los cuadros
de tercera, cuarta y quinta.
En esa cuarta campeón comenzó a fulgurar con destellos propios un astro
de primera magnitud: Octavio J. Díaz.
CICUTA EN VEZ DE GRAMILLA.
Ahora que en el barrio Arroyito se levanta orgulloso
el magnífico estadio de cemento, aparece engrandecido el esfuerzo y el
sacrificio de los tiempos pretéritos.
En 1918 Rosario Central tuvo que dejar el field de la quinta Sanguinetti,
también conocida por cancha del "cruce" Alberdi.
Detrás de los talleres del F.C.C.A., hacia el este de la avenida Alberdi,
bifurcaban sus límites del nuevo terreno cedido al efecto, las vías ferroviarias.
Poner el campo en condiciones motivó otra tarea extraordinaria. Se compró
la semilla para dotarla del verde césped. Roturóse la tierra, se regó
convenientemente, se sembró. Todo fue a pedir de boca.
Mas no sabemos cómo en vez de gramilla lo que salió fue ... cicuta.
Al asombro del primer momento, se sobrepuso la voluntad, el entusiasmo
y el afán de remediar el mal. Era menester arrancar rápidamente los cicutales.
En esa faena se multiplicaron jugadores y dirigentes otra vez. Salían
de los talleres y enseguida, todos, como un solo hombre, iban a sacar
cicuta.
Cuando el campo estuvo libre de impurezas un nuevo inconveniente vino
a sumarse. Estuvo tres meses sin llover.
Fue entonces que Harry Hayes obtuvo de su cuñado Mackay, capitán de bomberos
del ferrocarril, el permiso necesario para hacer pasar una gran manguera
a través de los ventanales del local de los talleres y así dieron agua
al field.
No faltó nunca en estas simpáticas jornadas, que no eran precisamente
deportivas pero que llevaban el sello inequívoco de amor
al deporte, la nota pintoresca.
Nos contaba una vez Octavio Díaz que para pasar el rolo por la cancha
montaban un caballo con los vasos redondeados de arpillera para que no
perjudicara la gramilla.