Harry Hayes fue maestro de una
escuela que ha perdurado en el fútbol rosarino.
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Harry
Hayes se inició en el fútbol siendo muy niño, viendo jugar los grandes
matches del antiguo Central Argentino.
Sus comienzos
arrancan en un colegio inglés, donde se educó.
Le contaba una vez al doctor Antonio Palacio Zino.
- "En aquel tiempo tenía un tiro muy violento. Así lo acreditaban
los vidrios y vidrieras de las inmediaciones... Nunca había jugado
en partidos oficiales, cuando un día faltando un jugador
en una tercera me
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llamaron:
¡Harry desvístete!
¡Aquí hay uniforme, pero faltan botines de fútbol! ¡Arréglate nomás
con los tuyos! (Siempre recuerda que llevaba unos zapatos amarillos).
Y me pusieron de centro fordward. Yo no se como estuve; lo cierto
es que hice tres goles, que me aplaudieron, que a los tres meses
pasé a segunda y que al año siguiente no solo actué en primera,
sino que hasta me daba el lujo de llevar mi novia a los partidos..."
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Han pasados 32 años. Desde 1907 hasta
1926 Harry Hayes defendió invariablemente la casaca auriazul.
En la actualidad, su primogénito del mismo nombre y apellido, es centro
fordward del primer equipo.
Para reconstruir la vida deportiva de Harry Hayes, como en el caso de
otros grandes jugadores que dio al fútbol argentino el club Rosario Central,
sería preciso tiempo y espacio.
Aquí sólo va un brochazo, par hacer justicia con el notable eje delantero
internacional que durante largos años integró los combinados nacionales
y defendió los colores de la Liga Rosarina en encuentros interprovinciales.
El fútbol rosarino tuvo en el difícil
puesto figuras excepcionales: Harry Hayes, Guillermo Dannhaber, Atilio
Bodalini, Gabino Sosa, Sebastián Guzmán.
Entre todos -sin intentar comparaciones que pueden resultar odiosas- la
figura de Harry Hayes surge con caracteres propios. Se agiganta a través
del tiempo.
A nadie como a él le tocó en suerte, merced a sus excelentes aptitudes,
actuar en tantos encuentros internacionales.
La carrera deportiva de Gabino Sosa -el brillante internacional- fue de
más larga duración, no menos ejemplar y magnífica, pero sin las proyecciones,
posiblemente, del gran delantero auriazul.
El primer encuentro importante que oficialmente
jugó Hayes, fue en el equipo superior de Rosario Central que se midiera
con Belgrano, en Buenos Aires. Perdió el cuadro rosarino por 4 a 3. No
tardó en consagrarse al integrar el combinado nacional que por el campeonato
sudamericano derrotó a los chilenos por 3 a 1 en Buenos Aires. Más tarde
jugó en el seleccionado frente al "Swindon Town" y fue entonces
que los juicios de la prensa deportiva elogiaron sus brillantes condiciones.
Una prueba de la capacidad de Harry Hayes la da el hecho de que en diez
años, hasta 1917 solamente, su mejor época, fue cuarenta veces internacional
e interprovincial.
Harry Hayes fue realmente
un jugador extraordinario. El fue iniciador y mejor maestro de una escuela
que ha perdurado en le fútbol rosarino a través del tiempo. Su característica,
el pase corto, la gambeta estilizada, sin descuidar el efectivismo, rubricó
el virtuosismo de nuestro fútbol, que ganó así fama y prestigio en el
país y en el extranjero. De modalidad propia, se le veía tomar la pelota
en el centro de la cancha, gacha la cabeza, y eludir, en breves zig-zags
a toda una defensa. Sus goles, de gran factura, amagando a un costado
para vencer al guardavalla por el lado opuesto, hicieron época.
Harry Hayes fue más tarde, cuando se hubo retirado del
fútbol activo, excelente consejero dentro de la institución que durante
largos años lo contó en sus filas, y ocupó también el cargo de entrenador
de la Liga Rosarina de Fútbol. Precisamente el lector lo verán en su puesto
en el gráfico que en otro lugar de la revista ilustra una página donde
se recuerda la visita del Barcelona, cuando Luis Indaco le enseño la "chilena"
al mago Samitier.