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izquierd.jpg (923 bytes) REVISTA CINCUENTENARIO - CLUB ATLETICO ROSARIO CENTRAL A LA SIGUIENTE PAGINA
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Octavio J. Díaz, el número uno de los guardavallas rosarinos de todos los tiempos.

Alcanzó como ninguno la mayor popularidad y prestigio.

Octavio J. Díaz

Numerosos guardavallas pasaron por los tres palos auriazules desde la época inicial de las actividades oficiales en el Club Rosario Central. Cuando en el año 1905 se disputó por primera vez el campeonato de segunda división al fundarse la Liga Rosarina de Fútbol, fue Norris el arquero del team representativo del glorioso instituto. Sucesivamente fueron desfilando Anderson, Cornejo, Pisso, Winn, Araujo (Q.E.P.D.), Serapio Acosta, Juan Bruno, Ramón Araujo, Trivella, Guillermo Nibio, Guillermo Adsbury (Q.E.P.D.), Fernández, Octavio J. Díaz, Pugliese, Scolari, De Marchi, Bray, Nadalutti, Casagrande, De Nicola, Palmero, Bonini, Monjo, Araiz y Martínez.
De esa larga lista de excelentes guardapalos, Cornejo fue sin duda el mejor de los que actuaron en los primeros tiempos, hasta que surgió la gran figura de Serapio Acosta, cuyas notables atajadas se recuerdan con emoción.
De cualquier manera y teniendo en cuenta que necesitaríamos un espacio considerable para referirnos particularmente a cada uno de ellos, es bueno señalar que todos exhibieron excelentes aptitudes y que fueron - algunos de los ya citados todavía lo son - entusiastas defensores de los colores auriazules.


Octavio J. Díaz

Decididamente, es Octavio J. Díaz la figura cumbre entre los guardavallas que tuvo Rosario Central. El número uno de los arqueros rosarinos de todos los tiempos.
IlustraciónNadie como él alcanzó tan extraordinaria popularidad y ninguno gustó de tantas satisfacciones deportivas, ya vistiendo la camiseta de Rosario Central o luciendo los colores de la Liga Rosarina de Fútbol o de los combinados nacionales. Su fama se consolidó mediante sus brillantes perfomances.
Escribir la historia deportiva de este formidable guardavalla demandaría numerosas páginas. Su campaña está jalonada de recuerdos gratos. Recuerdos que están ligados a la vida misma de Rosario Central.
Fue campeón rosarino varias veces, con el equipo de su club que ganó los campeonatos de la Liga Rosarina. Fue campeón argentino cuando el combinado de la entonces entidad matriz del fútbol local se clasificó vencedor en el año 1929, en aquel memorable match contra los tucumanos jugado en el field de River Plate. Y logró también el título de campeón sudamericano con el team argentino que en el año 1927 derrotara en Lima al seleccionado uruguayo en aquel memorable match accidentado donde se armó la inolvidable tremolina entre Lorenzo Fernández y "doble ancho" Monti. Los nuestros se impusieron por tres goles a dos. Obtuvieron los tantos argentinos los players Seoane, Luna y Recanatini (penalty). El plantel campeón estaba integrado así: Octavio Díaz, Bidoglio y Recanatini; Evaristo, Zumelzú y Monti; Carricaberry, Maglio, M. Ferreyra, M. Seoane y S. Luna.
Le estaba reservado a Octavio Díaz otro título aún de mayor importancia deportiva: el de vicecampeón olímpico. Fue en Amsterdam, en 1928. El equipo argentino, que había hecho méritos para ser el vencedor, cayó derrotado por el plantel uruguayo, que se clasificó campeón olímpico.

Medalla de plata - Amsterdam 1929

Anverso y reverso de la medalla ganada en Amsterdam cuando se clasificó vicecampeón olímpico.

Octavio J. Díaz es de ascendencia netamente deportiva, hijo de un futboler, Juan Díaz. Sobrino de Zenón.
Su padre solía reprenderlo.
- Sos muy pachorriento. En el field hay que estar en continua actividad.
El, que era todo nervio en la cancha, que se despedazaba frente al contrario, que enajenaba sus mejores energías, no podía comprender cómo el cachorro le había salido tan tranquilo.
La mamá tenía mucha fe.
- Mirá, Juan, este va a ir lejos. Verás que se lo van a llevar a Europa.
Desgraciadamente su padre no pudo ver cumplido el vaticinio de su señora esposa. Un año después de fallecer Juan Díaz, su hijo integraba el equipo de Boca Juniors que en 1925 realizara tan brillante gira por varias naciones del viejo mundo.
Octavio Díaz paseó así el nombre de Rosario Central - era su genuino representante - por La Coruña, Madrid, Barcelona, Irún y Pamplona, de España. En Alemania por Francfort y Leipzig y en Francia por París.
Tres años más tarde visitó Lisboa y Barcelona, integrando el seleccionado argentino que intervino en Amsterdam en el campeonato olímpico de fútbol.
Ya hemos dicho que también jugó en Perú. Los público de otras naciones sudamericanas, Chile, Uruguay y Paraguay, conocieron la gran calidad de este notable guardavalla.
Esa tranquilidad muy propia, que fue su principal característica, le permitió desarrollar una labor serena entre los palos. Unía a ello un gran golpe de vista, seguridad de manos y arrojo. Pero quizás su colocación en el arco le valió el éxito definitivo, pues lo cubría de tal manera que no era tarea fácil para los delanteros rivales, encontrar un claro por donde hacer colar la pelota en la red.


Decididamente mucho se podría escribir sobre la brillante campaña de este gran futbolista. Pero no es posible dentro del espacio relativo de esta publicación, donde solamente van reflejados, en rápidas pinceladas, los aspectos salientes de la vida de un instituto deportivo.

 
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