Octavio J. Díaz, el número uno
de los guardavallas rosarinos de todos los tiempos.
Alcanzó como ninguno la mayor popularidad
y prestigio.

Numerosos guardavallas pasaron por los tres palos auriazules
desde la época inicial de las actividades oficiales en el Club Rosario
Central. Cuando en el año 1905 se disputó por primera vez el campeonato
de segunda división al fundarse la Liga Rosarina de Fútbol, fue Norris
el arquero del team representativo del glorioso instituto. Sucesivamente
fueron desfilando Anderson, Cornejo, Pisso, Winn, Araujo (Q.E.P.D.), Serapio
Acosta, Juan Bruno, Ramón Araujo, Trivella, Guillermo Nibio, Guillermo
Adsbury (Q.E.P.D.), Fernández, Octavio J. Díaz, Pugliese, Scolari, De
Marchi, Bray, Nadalutti, Casagrande, De Nicola, Palmero, Bonini, Monjo,
Araiz y Martínez.
De esa larga lista de excelentes guardapalos, Cornejo fue sin duda el
mejor de los que actuaron en los primeros tiempos, hasta que surgió la
gran figura de Serapio Acosta, cuyas notables atajadas se recuerdan con
emoción.
De cualquier manera y teniendo en cuenta que necesitaríamos un espacio
considerable para referirnos particularmente a cada uno de ellos, es bueno
señalar que todos exhibieron excelentes aptitudes y que fueron - algunos
de los ya citados todavía lo son - entusiastas defensores de los colores
auriazules.
Octavio J. Díaz
Decididamente, es Octavio J. Díaz la figura
cumbre entre los guardavallas que tuvo Rosario Central. El número uno
de los arqueros rosarinos de todos los tiempos.
Nadie como él alcanzó tan
extraordinaria popularidad y ninguno gustó de tantas satisfacciones deportivas,
ya vistiendo la camiseta de Rosario Central o luciendo los colores de
la Liga Rosarina de Fútbol o de los combinados nacionales. Su fama se
consolidó mediante sus brillantes perfomances.
Escribir la historia deportiva de este formidable guardavalla demandaría
numerosas páginas. Su campaña está jalonada de recuerdos gratos. Recuerdos
que están ligados a la vida misma de Rosario Central.
Fue campeón rosarino varias veces, con el equipo de su club que ganó los
campeonatos de la Liga Rosarina. Fue campeón argentino cuando el combinado
de la entonces entidad matriz del fútbol local se clasificó vencedor en
el año 1929, en aquel memorable match contra los tucumanos jugado en el
field de River Plate. Y logró también el título de campeón sudamericano
con el team argentino que en el año 1927 derrotara en Lima al seleccionado
uruguayo en aquel memorable match accidentado donde se armó la inolvidable
tremolina entre Lorenzo Fernández y "doble ancho" Monti. Los
nuestros se impusieron por tres goles a dos. Obtuvieron los tantos argentinos
los players Seoane, Luna y Recanatini (penalty). El plantel campeón estaba
integrado así: Octavio Díaz, Bidoglio y Recanatini; Evaristo, Zumelzú
y Monti; Carricaberry, Maglio, M. Ferreyra, M. Seoane y S. Luna.
Le estaba reservado a Octavio Díaz otro título aún de mayor importancia
deportiva: el de vicecampeón olímpico. Fue en Amsterdam, en 1928. El equipo
argentino, que había hecho méritos para ser el vencedor, cayó derrotado
por el plantel uruguayo, que se clasificó campeón olímpico.
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Anverso
y reverso de la medalla ganada en Amsterdam cuando se clasificó
vicecampeón olímpico.
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Octavio J. Díaz es de ascendencia netamente
deportiva, hijo de un futboler, Juan Díaz. Sobrino de Zenón.
Su padre solía reprenderlo.
- Sos muy pachorriento. En el field hay que estar en continua actividad.
El, que era todo nervio en la cancha, que se despedazaba frente al contrario,
que enajenaba sus mejores energías, no podía comprender cómo el cachorro
le había salido tan tranquilo.
La mamá tenía mucha fe.
- Mirá, Juan, este va a ir lejos. Verás que se lo van a llevar a Europa.
Desgraciadamente su padre no pudo ver cumplido el vaticinio de su señora
esposa. Un año después de fallecer Juan Díaz, su hijo integraba el equipo
de Boca Juniors que en 1925 realizara tan brillante gira por varias naciones
del viejo mundo.
Octavio Díaz paseó así el nombre de Rosario Central - era su genuino representante
- por La Coruña, Madrid, Barcelona, Irún y Pamplona, de España. En Alemania
por Francfort y Leipzig y en Francia por París.
Tres años más tarde visitó Lisboa y Barcelona, integrando el seleccionado
argentino que intervino en Amsterdam en el campeonato olímpico de fútbol.
Ya hemos dicho que también jugó en Perú. Los público de otras naciones
sudamericanas, Chile, Uruguay y Paraguay, conocieron la gran calidad de
este notable guardavalla.
Esa tranquilidad muy propia, que fue su principal característica, le permitió
desarrollar una labor serena entre los palos. Unía a ello un gran golpe
de vista, seguridad de manos y arrojo. Pero quizás su colocación en el
arco le valió el éxito definitivo, pues lo cubría de tal manera que no
era tarea fácil para los delanteros rivales, encontrar un claro por donde
hacer colar la pelota en la red.
Decididamente mucho se podría escribir sobre la brillante
campaña de este gran futbolista. Pero no es posible dentro del espacio
relativo de esta publicación, donde solamente van reflejados, en rápidas
pinceladas, los aspectos salientes de la vida de un instituto deportivo.