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INAUGURACIÓN DE LA TRIBUNAS
POPULARES.
El estadio
de Arroyito que supliera la vieja cancha de los "talleres",
tenía su tribuna oficial, que enhiesta se levantaba, como índice
del progreso de Rosario Central. Frente a ella, las oficiales parecían
más pequeñas que nunca y su capacidad era fácilmente colmada apenas
se jugaba un cotejo más o menos interesante. Es que al team representativo
auriazul, que a medida que la entidad crecía en prestigio se sumaban
en forma intensa, para llegar a reclamar mayores comodidades.
Fue entonces cuando se creyó conveniente la construcción de las
tribunas populares de cemento que hoy bordean el hermoso campo de
juego. Crecieron ellas de la misma manera que creció Rosario Central:
sobre bases firme, y cuando quedaron terminadas, parecían como si
quisieran demostrar a los que las vieran que se sentían orgullosas
de servir para evidenciar la importancia poderosa de su club. Sus
espaciosos escalones, fuertes como la tradición del club, de haber
tenido el don de la palabra, habrían, con seguridad, manifestado
su inmensa alegría de poder albergar a la bulliciosa concurrencia
que hasta ella llegaría para asistir a los futuros espectáculos.
Desde entonces, el club, el viejo club tan adentrado en el calor
popular, contó con el estadio amplio y cómodo, como lo exigía su
tradición y su importancia deportiva.
Una
visita honrosa.
Para celebrar
tan magno acontecimiento, se hacía necesaria la realización de una
gran fiesta. Así se hizo y en el número principal de ella participó
el tradicional amigo, el club que está ligado a Rosario Central
por lazos indestructibles y que en Montevideo viene a ser la encarnación
de éste, hasta por la casi similitud de los colores de su divisa.
Nos hemos referido a Peñarol, el decano del fútbol uruguayo, que
con una representación dignísima se hizo presente en esa ocasión.
Vino con sus mejores valores encabezados por el veterano y caballeresco
Benincasa, que ya en el ocaso de su carrera deportiva quiso pasear
una vez más su gallarda figura por un campo rosarino. La participación
de Peñarol significó una adhesión simpática a la celebración de
un hecho significativo de la potencialidad adquirida por Rosario
Central y quienes estuvieron ese día en el estadio de Arroyito,
recuerdan con cariño la presencia del ya citado Benincasa, del arquero
Delgado, otro crack oriental de la época de oro, junto a Zenón Díaz,
Harry Hayes, glorias puras de Rosario Central.
Con ello, el club dio su bautizo de popularidad a las cómodas tribunas
populares, que hoy siguen estremeciéndose ante el calor que en ellas
siempre existe, como si fuera una continuación del producido en
la primera ocasión que asistieron a un espectáculo tan hermoso y
de tan gratos recuerdos como el comentado.
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TRES FIGURAS: TRES ÉPOCAS. Juan
Francia fue un player brillante de lo que podría llamarse
con absoluta propiedad "la época de oro" del fútbol argentino.
Pertenece a esa legión de jugadores que levantaron el nivel del
popular deporte de Rosario ante el consenso general y sus estupendas
actuaciones son recordadas aún por quienes lo vieron años tras años
sobresalir con caracteres netos.
Gerardo Rivas, surgió a la notoriedad internacional,
cuando siendo un pibe, formó parte de la representación paraguaya
que en 1921 sorprendió a todos por su eficaz participación en el
torneo sudamericano de ese año. Desde entonces su figura diminuta
ocupó un lugar grande en el ambiente deportivo para llegar a ser
uno de los estilistas más brillantes que pisaron nuestras canchas.
Teófilo Juárez pertenece, podríamos decir, a la
nueva generación, y prueba de ello es que aún actúa con éxito en
una de las entidades más prestigiosas del país: el Rácing Club.
Los tres jugadores, durante algún
tiempo actuaron juntos en la primera escuadra de Rosario Central.
Así fue como se unieron, por obra de la casualidad, tres épocas
distintas del fútbol, que por ser distintas no pueden parangonarse
entre sí. Francia representó a la "época de oro", Rivas
a la siguiente y Juárez a la contemporánea.
Y los tres, mientras actuaron en
el club, supieron comportarse dignamente, conquistando simpatías
y laureles para la divisa auriazul.
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