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ROSARIO CENTRAL EN EL CAMPEONATO
DE LA A. DEL F. A.
Cuando
un club, tras 50 años de vida intensa ha dejado una estela luminosa de
éxitos, y hechos indestructibles lo señalan entre los más sobresalientes
del ambiente en que actúa, es índice de que se trata de una verdadera
potencia. Entonces ese ambiente le resulta un tanto pequeño y debe procurar
mejores horizontes, mejores oportunidades, para hacer resaltar su valer
y demostrar su capacidad en plena evolución. Lo que corresponde a sus
directores es buscar el lugar en donde le sea factible alternar con elementos
de su categoría, para que en esos cotejos los prestigios adquiridos en
buena ley aumenten gradualmente.
Eso ocurrió con Rosario Central. El círculo en que desenvolviera sus actividades
locales, lo mismo que al adversario de todos los tiempos, Newells
Old Boys, era demasiado estrecho, y una especie de asfixia se cernía sobre
el futuro de ambos institutos. Había que procurarles un mejor campo de
acción. Y ese mejor campo de acción era el de participar en la disputa
del campeonato de la Asociación del Fútbol Argentino, el de mayor trascendencia
del balompié nacional.
Los dirigentes del club con ojo avizor, tendieron las redes en procura
de esa intervención y los incalculables prestigios obtenidos a lo largo
de tantas jornadas honrosas, se encargaron de hacer que esas gestiones
culminaran con el más completo de los éxitos. Así fue como Rosario Central
empezó a competir en el núcleo de clubs más poderosos de la Argentina.
Así fue como el instituto popular de esta ciudad fue partícipe de luchas
memorables durante la temporada de 1939. Lo que en principio se hizo a
manera de ensayo, prestamente llegó a convertirse en cosa segura y ahora
el nombre de Rosario Central, nombre glorioso en la historia del popular
deporte nacional, está en condiciones de responder a ese honor que se
le ha brindado.
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Hoy
el club está en el lugar al que lo llevaron sus triunfos en las
canchas argentinas. Sus cotejos con los teams de Buenos Aires y
La Plata, a la par que sirven para aquilatar la potencialidad del
fútbol rosarino, del que Rosario Central es celoso defensor. De
este cotejar incesante, que se renueva domingo tras domingo, el
público de esta ciudad, el mismo público que tiene reservado un
pedazo de su corazón a la casaca auriazul, saca ventajas incalculables
ya que asiste al desfile de las figuras más cotizadas del popular
deporte que integran los planteles actuantes.
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Es ésta, tal vez una de las más preciadas conquistas
obtenidas por Rosario Central en los últimos tiempos. No importa
que su colocación en el torneo de 1939 no haya estado acorde con
sus merecimientos. Lo que realmente interesa es que se encuentre
en el sitial que se tiene bien ganado y hechos venideros harán ver
que él le pertenece con absoluta propiedad.
Ha entrado por la puerta que sólo se abre a los que valen la de
verdad y éste es el orgullo de la gran familia centralista.
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TRES PRESIDENTES
DEL CLUB
Durante la presidencia del ingeniero Juan T.
Louhau se activaron las tramitaciones para ingresar al campeonato
de la Asociación del Fútbol Argentino. Cristalizó la iniciativa
siendo presidente el señor Luis C. de Mattía. Continuó la obra el
señor Adolfo Boglione.
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Está
entre los más poderosos, porque Rosario Central es poderoso, no sólo en
el aspecto deportivo, sino también en el aspecto social, y esa potencia
ha de adquirir mayor amplitud a medida que el tiempo pase y que los éxitos
en todo sentido acompañen sus futuras actividades.
Cuando de hoy en adelante se pase revista a la nómina de las instituciones
más fuertes del país, en ella se encontrará grabado con letras de oro,
indelebles, el nombre de Rosario Central, que en esas catorce letras sintetiza
el esfuerzo que durante cincuenta años, hicieron por elevarlo a este lugar
privilegiado, quienes pasaron por sus siempre compactas filas.
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