CUANDO ENNIS SE SENTÓ SOBRE
LA PELOTA
Ennis Hayes tuvo su cuarto de hora de
gran popularidad. Cinco lustros atrás fulguraba con destellos propios.
Era un astro de primera magnitud. Un virtuosos del fútbol que hacía maravillas
con la redonda. En su puesto de insider izquierdo se consagró ante propios
y extraños.
Por eso mereció el honor de integrar los combinados rosarinos y nacionales,
en la mayoría de las ocasiones al lado de su hermano Harry, con quien
tan bien se comprendía. Sus diabluras eran clásicas. Habilidoso en el
dribling, intuitivo, vivaz, inteligente, apilaba adversarios en notables
arabescos, hasta cansar a toda la defensa. Y, a veces, el mismo arquero
rival, sorprendido, veía entrar a su valla a aquel delantero endiablado
que había iniciado, zigzagueantemente, su esfuerzo en el centro del field.
La picardía de Ennis era conocida popularmente. En la cancha se gastaba
chistes, como aquella vez en la cancha de Gimnasia y Esgrima...
La rivalidad entre Rosario Central y Argentino (hoy Gimnasia y Esgrima)
venía desde tiempo atrás. El once mens-sana, que hace dos décadas estaba
integrado por valores destacados amenazaba con hacerle un gran match a
la escuadra auriazul.
Pero en el campo de juego la cosas ocurrieron de distinto modo. Central
obtuvo un gol... y otro... y otro. La valla gimnasista había caído en
cuatro ocasiones cuando Ennis, que ya festejaba risueñamente tamaña conquista,
realizó una de sus famosas apiladas, para sentarse en seguida sobre la
pelota a la espera del próximo rival.
Esta actitud, vista desde el aspecto festivo, señala una de las tantas
humoradas del gran insider internacional.
SEBASTIÁN GUZMÁN
Ya implantado el profesionalismo, los
dirigentes del club buscaron al hombre que supiera conducir el quinteto
ofensivo y le diera categoría al mismo. En esa búsqueda dieron con Sebastián
Guzmán, que en
una localidad de Córdoba hacía maravillas con la pelota.
Traído a Rosario, no tardó mucho en aclimatarse y demostrar que se trataba
de un player de condiciones poco comunes. Se afianzó en su juego y presto
conquistó las simpatías de la "hinchada". Sus actuaciones fueron
casi siempre excelentes y su nombre adquirió merecida popularidad.
En el club se le quería. Los partidarios no cesaban de brindarle elogios
y llegó a ser el conductor de la delantera más brillante que hubo en los
fields rosarinos en los últimos tiempos. Pero su indolencia, su falta
de empeño, quizás, por mantener su estado atlético, conspiro con todo
y poco a poco comenzó a decaer, para llegar a actuar con poca eficacia.
Y el hombre que había maravillado con su hábil manejo de la ball, de pronto
perdió notoriedad y se confundió con los que habían sido. Sin embargo
se los recuerda con cariño. Es que fue un gran jugador.