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Momento en que se pone
en marcha la columna, entre los aplausos frenéticos de la muchedumbre.
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Se había cumplido el acto preliminar.
Ardía en la lámpara votiva la llama simbólica. No se habían acallado los
aplausos que sellaron los discursos de Hooper y Puig, cuando aparecieron
en el campo de jugos los abanderados de las entidades que se hacían representar
en el magnífico acontecimiento.
Fue ésta también una nota emotiva, que renovó el entusiasmo popular. Desde
frente al recinto oficial, emergiendo por el túnel al verde cuadrilátero,
iniciaron un desfile alrededor del field. Al frente José Minella con la
bandera nacional e Ignacio Díaz con la auriazul. Detrás de ellos, Zenón
Díaz abanderado del club, marchando a su lado Ignacio R. Rota, Octavio
J. Díaz y Luis Indaco. Seguidamente Eduardo Gómez, transportando la bandera
de la Asociación del Fútbol Argentino y a continuación los abanderados
de Independiente, River Plate, Huracán, San Lorenzo, Newells Old
Boys, Boca Juniors, Rácing y demás instituciones de la A. del F. A. Estaban
también las banderas de Peñarol y Nacional, de Montevideo, de la Asociación
Rosarina de Fútbol y sus entidades afiliadas y además de la Federación
Rosarina de Basketball.
Una ininterrumpida salva de aplausos siguió el paso de la columna hasta
que dio la vuelta completa al campo de juego del glorioso Rosario Central.
La
amistad tradicional con Peñarol
Surgió la amistad entre Rosario Central
y Peñarol de Montevideo no por convencionalismo, sin por la identificación
de procederes y por llevar las mismas aspiraciones en el deporte.
En el Uruguay, Peñarol es el club del pueblo, como lo es Rosario Central
en nuestra ciudad.
Por eso fue que entre la realización de uno y otro encuentro, tanto en
Rosario como en la capital del país hermano, fue germinando entre jugadores,
dirigentes y asociados, una simpatía que al cabo de un tiempo habría de
convertirse en la más amplia y cordial amistad.
Cuando las embajadas del club decano del Río de la Plata llegaron a nuestra
ciudad, encontraron casa amiga en la sede de Rosario Central y el público
les aplaudió como hermanos. Hubo siempre esta reciprocidad en cuanta oportunidad
los equipos auriazules fueron a Montevideo.
Y no hay acontecimiento memorable, para Peñarol o Rosario Central, en
que los dos clubs de alguna manera no se encuentren ligados.
El aurinegro de Peñarol y el auriazul de Rosario Central, junto con la
similitud de sus casacas, contribuye aun más a formar el ánimo, que está
en lo cierto, que
estas dos entidades gloriosas del fútbol sudamericano marchan cordialmente
unidas.
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